Informe de usos y apropiaciones de la tecnología con acceso a internet (primavera 2016)

Por: Observatorio de redes sociales y mundos virtuales

Primavera 2016

ITESO

Del 7 al 18 de marzo de 2016, desde el Observatorio de redes sociales y mundos virtuales, encuestamos a 99 adultos mayores de 40 años, de los cuales entrevistamos a nueve, para ver qué piensan acerca del uso de la tecnología con acceso a internet (TCAI) y cuáles son los usos concretos que le dan a estos aparatos.

Iniciamos la investigación luego de pasar semanas discutiendo los conceptos básicos de la Construcción social de la tecnología, así como diversas investigaciones acerca de usos y apropiaciones de teléfonos móviles y computadoras en distintos contextos, para partir de la idea de que los aparatos no se construyen de manera lineal ni son sólo los diseñadores y las empresas las que le dan sentido material y simbólico a los dispositivos, sino que son los usuarios, como grupos activos con necesidades y problemas específicos, quienes se apropian de modos particulares de los aparatos y les dan usos que si bien entran en la arquitectura del diseño de las empresas, son singularizados y simbolizados en términos biográficos por las personas.

Siguiendo con la agenda abierta el año pasado, nuestros objetivos son:

1. Medir los niveles de determinismo tecnológico. Es decir, qué tanto la gente piensa que es la tecnología en sí la que nos “causa” o nos “soluciona” problemas, sin tomar en cuenta toda una serie de factores alrededor de su uso.

2. Conocer cuáles son las formas en las que la gente usa y se apropia de los aparatos. Es decir, qué hace la gente en concreto con la TCAI.

ENTREVISTAS

Edad y ocupación

  • El grupo entrevistado varía de los 47 a los 61 años de edad.

  • Las ocupaciones de las personas entrevistadas son: dos contadores públicos, un gerente general, una niñera, un ingeniero en redes, un banquero, una administradora y dos amas de casa.

 

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Internet y familia. Plataformas de comunicación e intensidad del uso

Las nueve personas adultas entrevistadas dijeron que lo más importante para ellas es la familia. Cinco de los nueve viven con sus familias y el resto vive sólo con una parte de ella en la misma ciudad. La manera más común de mantener el contacto afectivo a distancia con estas personas, estén o no en la misma ciudad, es mediante el uso de distintas plataformas de comunicación.

Todos los entrevistados tienen un smartphone, es decir, todos tienen acceso a internet móvil. En las respuestas de las entrevistas pudimos observar que las plataformas que predominan para la comunicación cotidiana son whatsapp, facebook, llamadas telefónicas desde teléfonos móviles, y muy pocas veces desde teléfonos fijos:

whatsapp con todos lo uso, porque todos estamos habituados a usarlo” (mujer, 47 años)

Generalmente estamos en contacto por whatsapp, mensaje de texto o teléfono. Tenemos grupos de familia donde puedo hablar con mis hermanos que viven en otra ciudad, y donde nos ponemos al tanto de lo más importante.” (hombre, 51 años)

No uso las mismas (con todos sus familiares), diferentes, algunos con whatsapp otros con facebook, a otros sólo los localizo por teléfono o mensajes. También hay casos que no son tan urgentes que les mando un gmail.” (mujer, 61 años).

Por teléfono, principalmente móvil o fijo de la casa.” (hombre, 50 años).

Con los que vivimos en casa el modo de comunicación que uso cuando no están en casa son llamadas o mensajes telefónicos y con los que están lejos usamos whatsapp o Messenger de Facebook.” (mujer, 47 años).

Estos vaivenes entre telefonía móvil, fija y plataformas online nos muestran que para los usuarios no hay una separación entre lo on y lo offline, las plataformas son extensiones para una misma conversación, además, a diferencia del discurso determinista que permea en muchos casos acerca del “mal uso” de estos aparatos, aquí vemos que, de entrada, el uso es sobre todo afectivo, familiar, no mecanizante.

Por otro lado, también vemos que la intensidad del uso se teje tomando en cuenta la distancia entre las personas y la apropiación que hacen de tipos específicos de plataformas, de modo que una señora que no tiene a dos de sus hijos en la misma ciudad dice que utiliza plataformas online para estar en contacto con ellas, es decir, internet aquí es igual a mayor distancia, mientras que cercanía es igual a llamada de teléfono y mensajes SMS, lo mismo que el señor que tiene grupos de whatsapp con sus hermanos que no viven en la misma ciudad. No podemos decir que en estos casos la tecnología esté alejando a las personas sino que ayuda a estrechar las relaciones a distancia con los seres queridos, además de que es más económico y eficiente hablar y estar en contacto por videollamada o mensajería instantánea que hacer llamadas por teléfono o enviar mensajes de costo unitario.

Otro aspecto importante en los usos familiares de la tecnología es cómo la intensidad del uso se relaciona con las horas de trabajo y escuela de los diferentes miembros de la familia, ya que no siempre se puede pasar el tiempo que uno quisiera con ellos. En estos casos, también la intensidad del uso disminuye cuando hay oportunidad de estar cara a cara:

cada quien tiene sus cosas que hacer y no pasamos tanto tiempo juntos como yo quisiera” (hombre, 51 años).

Sí (utiliza las mismas herramientas de comunicación online en fines de semana y entre semana), pero es más intenso entre semana porque el fin de semana hay más contacto personal.” (mujer, 61 años).

Siempre (usa las herramientas online), con menos intensidad (en fines de semana), porque no necesita tanto, estamos en contacto directo” (hombre, 50 años).

El uso de la TCAI se acelera, se intensifica, o no, porque los tiempos institucionales son cada vez más exigentes, y en el ajetreo del día a día no hay tiempo para usar teléfono fijo o para hacer llamadas largas, sino sólo para dejar posteos, mandar mensajes cortos y tener fragmentos de conversaciones que se complementarán en los momentos de convivencia cara a cara. De modo que no es el diseño en sí de los aparatos el que determina la intensidad del uso, sino las ocupaciones y la distancia entre las personas.

Consideramos que la modulación del uso de la tecnología responde no tanto a que el usuario adulto haga un uso más “responsable” que el que hacen los jóvenes, sino a que, como muestra uno de los testimonios, la familia vive en la misma ciudad y puede estar en contacto con ella más veces que si no lo estuviera, tal como hacen los jóvenes al hablar de los matices en la intensidad de sus usos: mientras que entre semana se usa más la mensajería instantánea con familia y pareja, en fines de semana disminuye porque se puede estar con ellos cara a cara. Así, cuestionando la idea común de la “adicción a la tecnología”, podemos decir que los usos de ésta dependen de las capacidades y necesidades de las personas, de qué tan familiarizados estén el resto de sus contactos con internet, y no sólo de las prestaciones de los aparatos, cada grupo social plantea problemas y soluciones específicas a los dispositivos.

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Por otro lado, a pesar de que los entrevistados usan las mismas aplicaciones para comunicarse que muchos de los jóvenes, ellos consideran que su uso de la tecnología no es tan “intenso”. Esto no es extraño ya que las ideas alrededor del uso de la tecnología suelen marcar una diferencia que, como veremos en el análisis de las encuestas, en la práctica no es tan clara, entre usos de adultos y usos de jóvenes. Sin embargo, en las entrevistas podemos ahondar acerca de esta separación, que en ocasiones parece más bien un prejuicio entre usos institucionales, productivos, o “serios”, y aquellos no considerados como tales:

Sí usamos las mismas herramientas pero no con la misma intensidad, mis hijos son esclavos de whatsapp usando la aplicación todo el día manteniéndolos idiotizados” (hombre, 51 años).

En esta investigación como en la del semestre pasado, parece que el uso personal, por intenso que sea, está “bien”, está justificado, pero el uso de “los otros” está mal; pero desde la perspectiva del adulto podemos agregar también que: los usos no laborales o no institucionales, son susceptibles de ser atacados desde esta forma excluyente de ver al otro. Esto en estudios de juventud no es nuevo, los adultos suelen minimizar las actividades de los jóvenes por considerarlas sólo una transición hacia la adultez. Ahora bien, las entrevistas arrojan, por el contrario, que son los usos institucionales de la tecnología los que, de hecho, sí están separando a las personas, al salirse de sus espacios y expandirse a la casa y a los fines de semana, como leeremos con mayor profundidad en otro apartado.

Un uso más de la tecnología de parte de nuestros entrevistados con respecto a la familia, arrojó la gestión de otras actividades colectivas que pueden ser resueltas mediante grupos de mensajería instantánea, y que de otro modo supondrían modificar la agenda de personas que parecen estar ya lo suficientemente ocupadas. Es decir, se trata de gestionar los encuentros cara a cara, no de sustituirlos, cuando los objetivos de esos encuentros lo permiten:

También hay un grupo del salón de mi hijo, donde todas las mamás y las maestras podemos organizarnos para las actividades, eso nos ha facilitado la vida a todas. A veces es preferible ponernos de acuerdo por whatsapp que vernos o estar hablando por teléfono” (mujer, 49 años).

Nos parece que esta gestión de actividades entre mamás y maestros de la escuela es una ventaja clara para la parentalidad actual: ¿es más fácil juntar a las mamás por whatsapp que tener que ir a la escuela o a otro punto de encuentro, cierto?

Para cerrar esta sección podemos afirmar entonces, que para las personas entrevistadas no hay separación entre lo on y lo offline. Tampoco hay sustitución de los encuentros cara a cara, sino estrechamiento de lazos entre cercanos que no están en la misma ciudad o entre aquellos cuyo trabajo o escuela no permiten verse tanto como quisieran, así como gestión de actividades que pueden ser llevadas a cabo sin copresencia física. Incluso, podemos pensar que en un mundo cada vez más ajetreado como el actual, el hecho de que los adultos mantengan contacto con sus seres queridos a través de los teléfonos y otros dispositivos habla no de un olvido o de una “deshumanización” de sus relaciones, sino de una ampliación de los espacios confortables de la vida (que para ellos y ellas tiene sentido en gran medida por sus hijos e hijas). De este modo, revisar el teléfono a lo largo del día no debe ser visto como un acto de escapismo de la realidad, sino como una estrategia de cercanía afectiva en tiempos de instituciones (escuela y trabajo, sobre todo) hiperdemandantes.

Por último, si las notas acerca de TCAI en los medios de comunicación tradicionales suelen presentar los usos más extremos y enfermos de ésta, no descartamos que existan, pero la realidad nos muestra que la mayoría de las veces la tecnología es una extensión de lo que ya hacía la gente antes de internet: tratar de permanecer cerca de algunas personas y estar informados de lo que pasa a nuestro alrededor. En el siguiente apartado ahondaremos en lo segundo.

 

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Temas de interés, fuentes de información on y offline

La mayoría de los entrevistados coincidieron en decir que internet en general es una herramienta utilizada de manera cotidiana para consultar distintos tipos de información. Pudimos observar que las plataformas online utilizadas por los encuestados se mezclaban con los medios tradicionales, de tal manera que lejos de sustituirlos los complementaban.
Google, facebook, videos, películas, series, recetas, periódicos, televisión, programas de revista, entre otros, configuran el abanico de posibilidades informativas donde estas personas se informan:

Pues los veo (sus temas de interés) en internet, los busco en Google y ahí encuentro, los programas los veo en la televisión por cable o en la computadora por Claro video.” (mujer, 61 años).

En las noticias y en mis mensajes de whatsapp” (mujer, 47 años).

Periódico generalmente, Milenio, informador, CNN, el canal 4 de televisa, José Cárdenas informa en tele fórmula. (hombre, 50 años).

En la plataforma de mi trabajo, CNN, CNBC. (hombre, 51 años).

Internet, Facebook, el programa hoy.” (mujer, 47 años)

Mientras que algunos de los entrevistados nos dieron una amplia explicación de sus temas de interés y en qué plataformas las consultan (como el periódico en físico o en línea, blogs o perfiles de redes sociales) otros no fueron tan específicos, pues simplemente hacían mención de algunos de sus intereses. Pero es evidente que estos adultos siguen consumiendo televisión y periódico impreso. El uso de medios tradicionales sigue presente y no se ve una amenaza, al menos en estos casos, con la nueva tecnología.

Por otro lado, es interesante pensar estos testimonios de uso informativo de la red, a la luz del pensamiento cotidiano, que suele achacarle a internet toda una serie de calificativos despectivos, entre los que resalta la idea de que estos aparatos en la vida cotidiana son sólo un “distractor”, las respuestas en las entrevistas nos muestran que internet para estos adultos es un lugar al cual se acude para estar informado en el día a día. Aunque claro, no significa que se esté mejor informado sólo por leer noticias en la red y no en impreso, para ello sería necesario investigar el consumo informativo, y no sólo en internet sino como una práctica general de los sujetos, la mala información circula en ambos escenarios y las mejores discusiones para crear audiencias críticas también pueden estar en espacios de encuentro cara a cara tanto como en redes sociales o en periódicos online, pero aquí subrayamos la versatilidad del consumo on y offline y el uso de internet como herramienta no sólo de socialidad sino informativa.

Otro aspecto importante a tomar en cuenta en el consumo informativo es la sofisticación en las búsquedas de información:

veo el noticiero financiero, veo Denisse Maerker, Ciro Gómez Leyva, entre otros… Pero también veo noticias en internet, algunas las veo en la página de Yahoo y si hay algún tema que me interesa lo busco en Google” (mujer, 49 años).

La búsqueda personalizada como sofisticación en el consumo informativo no es lo mismo que cambiarle de canal o subirle el volumen a la tele, no podemos perder de vista este tipo de apropiaciones para no seguir pensando en que sólo los “nativos digitales” utilizan así la web.

Por último, es importante mencionar como dato “sospechoso” que no en pocas ocasiones los medios tradicionales se empeñan en difundir la idea de que internet es “malo”, o que sólo es un distractor o que representa un peligro, si esa idea es creída por mucha gente y no es discutida y contrastada con el análisis de usos concretos como los presentados aquí y en otras tantas investigaciones, son los medios tradicionales los que siguen teniendo la “autoridad” para informarnos, y cabe preguntar: ¿en el contexto actual es posible seguir confiando sólo en los medios tradicionales como fuentes incuestionables de información?

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Trabajo, traslados, interrupción de citas

Si bien en un apartado anterior ya vimos que nuestros entrevistados no suelen sustituir sus encuentros cara a cara por usar la tecnología, este asunto nos parece lo suficientemente situado en el discurso cotidiano como para abordarlo de manera más profunda en las entrevistas. Cuando preguntamos si es frecuente que aspectos como el mal clima, el tráfico, el exceso de trabajo o situaciones por el estilo interfirieran con sus citas planeadas, y de ser así qué suelen hacer, esto fue lo que obtuvimos:

Pues me comunico con la persona, la llamo por el celular, porque me parece más formal que mandar un mensaje y le informo por qué no he llegado, le expongo la situación y le digo que trataré de llegar” (mujer, 61 años).

“No, casi nunca me pasa. Pero si me pasara le avisaría a esa persona por whatsapp y reharía la cita.” (mujer, 47 años).

Cuando ocurren algunos de estos casos siempre intento comunicarme con mi celular, ya sea por llamada o whatsapp. Antes de salir de mi casa siempre aviso a dónde voy y si algo pasa tengo la ventaja de contactarme por mi celular. Siempre llevo un cargador conmigo por si se ofrece.” (mujer, 49 años).

Quedarme más tiempo en el trabajo es un aspecto que sí afecta mis encuentros con las personas que quiero. Cuando eso sucede generalmente me comunico con ellas por llamada para reagendar los encuentros”. (hombre, 49 años).

Estos testimonios nos permiten afirmar que la tecnología no interrumpe los planes que las personas suelen tener con otras personas, pero sí es la tecnología la que permite poner al tanto de esos cambios a quien haya que poner al tanto. También hacen visible una práctica que ya ha señalado Rosalía Winocur, la del “control de la incertidumbre” a través del uso de la tecnología, y es que estas personas pueden tener usos intensos de la tecnología no porque “estén pegadas al teléfono” sino porque están preparadas ante alguna eventualidad, como la señora que lleva el cargador a donde vaya. En cambio, la cancelación de los encuentros cara a cara depende en muchas ocasiones más de las exigencias laborales que del uso de la tecnología. Claro que se puede reprochar al respecto que en estos casos es por cuestiones “importantes”, sin embargo, como ya lo aclaramos más arriba, esta postura puede ir cargada más de prejuicios contra lo no institucional o contra el ocio, sin darse cuenta de su defensa poco crítica de tales circunstancias cotidianas, por lo que es válido cuestionar dicha postura. El uso de TCAI en estos casos, más bien, sortea, y no tanto crea, esos obstáculos que surgen para estar cerca de las personas que queremos.

Sin embargo, dos entrevistados respondieron que jamás cancelan sus compromisos debido a estas cuestiones:

No, nunca postergo un encuentro por alguna situación de trabajo.” (hombre, 50 años).

No aplica en mi persona ni con las que quiero esta situación.” (mujer, 47 años).

En el primer caso se trata de una persona que es el jefe de la empresa en la que labora, y en el segundo, la persona trabaja en casa. No es difícil suponer, entonces, que parte del beneficio de ser jefe y del de tener la oficina en casa sea por lo menos el de decidir a quién atender en qué momento y qué temas no descuidar por ningún motivo. Esto nos lleva a pensar: ¿es en realidad la tecnología un factor de aislamiento, vicio y obsesión como suele pensarse? O aún mejor: ¿es el hecho de que utilicemos las TCAI lo que en realidad importa, o lo es más la gente con la que queremos, a final de cuentas, establecer contacto?

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No todo depende de los usuarios

Si bien hasta este punto de la investigación nos queda claro que los usuarios de la TCAI son todo menos pasivos, es necesario hacer una aclaración importante con respecto a la falta de oferta en los servicios de telecomunicación en México, pues si bien hay más de 90 millones de teléfonos móviles a nivel nacional, tan sólo telcel (empresa propiedad de Carlos Slim) tiene a más de 70 millones de estos usuarios en su red, esto de acuerdo con datos de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Por lo que si bien nos hemos concentrado en el papel de los consumidores, no podemos dejar de lado la asimetría en la toma de decisiones sobre cuestiones como ancho de banda, planes, costos de uso, modelos de aparatos con mayor acceso y calidad en el servicio, entre quienes usan la tecnología y las pocas empresas que ofrecen este servicio. De modo que si bien la construcción simbólica de la tecnología depende en gran medida de los usuarios, siguen siendo los grandes consorcios los encargados de definir los parámetros “estructurales” de construcción de la tecnología. Este tema debe ser puesto a discusión en foros públicos y en medios de comunicación para situar el dominio incuestionable hasta hoy de estas empresas sobre los servicios que ofrecen a los usuarios, como posibilidad de crear condiciones más justas y accesibles de uso a más personas.

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Extrañamientos y continuidades

Al final de las entrevistas preguntamos a las personas qué pensaban sobre el uso de la tecnología con acceso a internet luego de ver este meme:

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“Antes la gente se… ¿cómo se puede decir? se interesaba o fijaba su atención en muchos momentos del día en las revistas o en los periódicos, y ahora pues está en internet, en los teléfonos”. (mujer, 47 años).

“La tecnología no nos hace antisociales, al contrario, al momento tenemos contacto con cualquier persona del mundo. Y también es una gran herramienta para la adquisición de información actual”. (hombre, 49 años).

Esto es una muestra del discurso cotidiano siendo capaz de cuestionar las ideas deterministas de medios y otras instituciones acerca de la tecnología. La presentación de la imagen parece haber ayudado a construir momentos de extrañamiento y reflexión sobre el uso propio y el de los demás de la tecnología. Pero también hubo otro tipo de respuestas:

“…se tiene que regular o de alguna manera la gente va a llegar a un punto medio en donde ese uso de la tecnología para cosas que son banas, que no tienen nada que ver… pierden el contacto con la gente real, y no tiene nada que ver con la lectura”. (hombre, 50 años).

“Los que están en la imagen de abajo (leyendo periódicos) no están tan obsesionados o no le dedican tanto tiempo como los que están en la imagen de arriba (smartphones)” (hombre, 51 años).

“En otros países sí se lee el periódico pero en México no, la gente es más chismosa y anda bobeando y platicando” (mujer, 51 años).

En estos casos podemos ver que, a pesar de que los hallazgos señalan usos cotidianos mucho más “sociales” e informativos, para algunas personas se sostiene la idea de que hay una separación tajante entre lo on y lo offline cuando llaman “no real” a lo online (incluso cuando la misma persona en otro momento de la entrevista dejó ver que no hay tal separación en sus interacciones). Por otro lado, esto también demuestra una cierta banalización de la socialización en línea, a pesar de ser una herramienta que permite estar al pendiente de los seres queridos. Esto se debe probablemente a la exposición de las personas a un tipo de discurso determinista (proveniente sobre todo de los medios de comunicación tradicionales) que permea en el discurso cotidiano y hace que la gente le tema o incluso que deteste en alguna medida a la TCAI, y sienta que ésta controla a los usuarios, lo cual minimiza tanto el hecho de saberse mejor informados gracias a internet como el de sostener lazos afectivos muchas veces gracias al uso de estos aparatos.

Por otro lado, defender a la lectura impresa por encima de la lectura en digital también es parte de un debate más o menos discutido de forma reduccionista en muchos espacios. Pensar que los medios digitales sustituirán a los impresos evidencia, por un lado, el esencialismo y purismo de muchos lectores, que agotan al gesto interpretativo de la lectura en el soporte del mensaje en que es decodificado (papel), y por otro, lo poco que se conocen estudios de comunicación acerca de la ecología de medios, que demuestran que las viejas y las nuevas plataformas no se destruyen entre sí, sino que conviven entre ellos y con las audiencias de maneras cada vez más complejas (el disco de acetato permanece entre un target de coleccionistas, así como la lectura cotidiana suele mezclarse entre medios digitales e impresos repartidos entre usuarios particulares e instituciones que necesitan de ambos para distintos casos).

Por último, también podemos ver un tipo de determinismo ya no sólo tecnológico sino cultural, al creer que es cualidad inmutable que toda una sociedad lleve a cabo o no un cierto conjunto de prácticas de modos específicos e inalterables. Sin embargo, antes de caer en la descalificación de quien emite este tipo de juicios, desde el Observatorio proponemos abrir un diálogo desde evidencias como las aquí planteadas, para compartir hallazgos y reflexiones con más personas, y encaminarnos hacia una interpretación más crítica y multidimensional acerca del uso de la tecnología en la actualidad. De cualquier modo, esta última parte de las entrevistas nos permitió ver cómo algunos discursos están muy arraigados, al mismo tiempo que entender que el terreno social, es decir, la realidad como la conocemos, es susceptible de ser puesta en duda por quienes la construyen y actualizan día a día.

ENCUESTAS

Adicción y sustitución de encuentros cara a cara

En las encuestas pudimos observar, como en el semestre pasado con los jóvenes, un alto nivel de determinismo tecnológico. En el tema de la sustitución de relaciones cara a cara por uso de la tecnología, de los 99 encuestados, 40 considera que la tecnología sustituye los encuentros cara a cara, mientras que 32 considera que no. 25 encuestados respondieron que la mayoría de las veces sí sustituyen las relaciones cara a cara, y solamente 2 consideran que la mayoría de las veces no.

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Sin embargo, en la pregunta “¿Cree que la tecnología mejora las relaciones entre las personas?” 33 de los 99 encuestados opina que la mayoría de las veces sí mejora las relaciones entre las personas y 27 consideran que sí, mientras que 28 consideran que la mayoría de las veces no las mejora, y solamente 11 de los encuestados opinan que no las mejora.

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Usos “moderados” y brecha generacional

La mayoría de los adultos concuerda en que el uso que los jóvenes le dan a la tecnología es diferente al uso que ellos le dan. En general consideran su uso como moderado, mientras que los jóvenes consideraron su uso como intenso o muy intenso. En la pregunta “Usted considera que su uso de la tecnología con acceso a internet es:” 37 de los adultos encuestados respondieron “moderado”, 19 consideran que es más o menos moderado, 26 que su uso es intenso, 7 muy intenso y 10 no la usan.

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Para contrastar lo anterior, en la pregunta “¿Qué tipo de relación cree que la sociedad en general tiene con los dispositivos con acceso a internet”? 28 de los encuestados opina que es buena, 5 encuestados que es mala, a su vez 5 opinan que es creativa, 4 otra, y 57 que es adictiva. Es interesante señalar que los adultos consideran su propio uso moderado, pero el del resto de la sociedad adictivo. ¿Será que no se están incluyendo en lo que opinan que es la “sociedad en general”? Para nosotros esto es un modo de evidenciar la llamada “brecha generacional”, que anuncia la supuesta diferencia clara entre un tipo de usuario joven y otro tipo de usuario que no nació o vivió sus primeros años con internet. Sin embargo, como demuestran las gráficas anteriores y las entrevistas (del semestre pasado y de éste), el uso de ambos tipos de usuarios es mucho más similar de lo que el discurso de la brecha afirma. Es posible pensar entonces que la separación discursiva “produce” diferencias que, de hecho, no son lo suficientemente claras como para separar, al menos a estas alturas, a unos y otros usuarios, pero en cambio, el efecto del discurso sí que pone en tensión a unos usuarios en su relación con los otros, se podría decir que este discurso produce un “determinismo etario”, al pretender encasillar a unos y a otros usuarios sólo por su edad.

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Los prejuicios cotidianos VS estar mejor informados

El uso que los adultos le dan a sus dispositivos con acceso a internet no es tan distinto al que le damos los jóvenes después de todo. En la pregunta “¿Usted cree que la gente está mejor informada con internet que con los medios tradicionales (TV, radio y cine…)?” 76 de los encuestados respondió que sí, y solo 22 respondieron que no, algo muy similar al resultado obtenido con los jóvenes. Y entre los usos que le dan a la TCAI que más se mencionan está el de informarse sobre temas que les interesan (36 encuestados), seguido de estar en contacto con sus seres queridos (35 encuestados). Es decir, estos adultos dicen que la tecnología afecta de manera negativa nuestras relaciones (cosa que en la práctica no es cierta), pero no reparan en, o si lo hacen lo minimizan en el discurso, que ahora están mejor informados gracias a su acceso a internet.

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CONCLUSIONES

1) Es notoria la preocupación por los usos excesivos de la tecnología en entrevistas, encuestas y en las discusiones en el Observatorio. Compartimos esa preocupación pero no creemos que los usos “intensos” de la TCAI vistos hasta ahora puedan ser considerados “adictivos”, ya que, como hemos demostrado, si pasamos mucho tiempo con el teléfono o en la computadora es porque desde estos aparatos nos relacionamos con muchos temas y con muchas personas, complementamos nuestra interacción en la mezcla de ambientes on y offline. Lo que nos preocupa no es que se use “demasiado” la tecnología, sino que se use sólo para una cosa. La idea de adicción cobra otro sentido desde esta perspectiva, ya que sólo hablar de un tema, consultar un solo sitio en línea o ver sólo a una persona, es una manera perjudicial de estar con el mundo, por la estrechez y la falta de perspectiva que esto conlleva, pero esto es dañino sin importar si se hace en la calle o desde una computadora.

2) Hay que orientar la reflexión general acerca de los usos de la TCAI hacia la urgencia de ir de la satanización de ciertos tipos de uso, hacia el extrañamiento entre lo que se dice de la tecnología y lo que en verdad se hace con ella, y hacia la construcción de alfabetismos digitales que reparen en cuestiones como:

. La necesidad de construir filtros de información, no prohibiciones de uso.

. Desmitificar el ocio como pérdida de tiempo y el uso institucional de los aparatos como algo siempre útil o positivo para las personas.

. Pensar a las redes digitales como herramientas que amplían nuestras capacidades afectivas e informativas, y no como instrumentos de manipulación deshumanizantes.

3) La postura determinista sobre la tecnología proviene sobre todo de los medios de comunicación tradicionales y de instituciones como la escuela y los gobiernos, que pueden dedicarse, en algunas ocasiones, a hablar únicamente de los casos más extravagantes y/o perversos de uso de estos dispositivos, haciendo más difícil ver los matices que tiene el uso cotidiano de estos aparatos. Así que, siguiendo a Castells, nos preguntamos ¿a quién le beneficia que la gente desconfíe del lugar donde puede encontrar información que cuestione a los que tradicionalmente le brindan la información? Pensamos que el discurso determinista mediático es una herramienta discursiva que ayuda a mantener el estatus quo en las relaciones (injustas) de poder actuales.

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INTEGRANTES DEL OBSERVATORIO:

Lourdes Ávila

Víctor André Castillo

César Eduardo Godoy

Paloma López-Portillo

Mariana Martínez

Karen Itzel Reyes

Daniela Rivero-Borrell

Marco Antonio Ruiz

Pedro Sarquís

Elvira Noemí Velarde

Karen Vizcarra

Profesor:

Mtro. Víctor Hugo Ábrego

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Presentación

Hoy en día es necesario comprender e interpretar de manera crítica y reflexiva las distintas relaciones e implicaciones tejidas entre sociedad y tecnología. En este blog convergerán materiales creados por estudiantes de Ciencias de la Comunicación, del ITESO, con reflexiones de la materia Observatorio de redes sociales y mundos virtuales, cuyo propósito es construir un espacio donde la negociación de significados, llevada a cabo día a día por los jóvenes a través de la interacción con sus dispositivos conectados a internet, pueda materializarse, explorando distintas herramientas online, orientadas hacia la apropiación de conceptos como: viralización, generación hipertextual de sentido, domesticación de la tecnología, movilidad mediada, prosumidores, transmedia, entre otros. Y así distinguir implicaciones sociales, culturales y políticas de los sitios de socialización en línea y de las tecnologías de la vida cotidiana, poniendo especial énfasis en el reconocimiento de la intersubjetividad que favorecen o impiden estos escenarios.

¿Para qué y cómo un Observatorio de redes sociales y mundos virtuales?

La intención más allá de lo académico en este observatorio está cifrada en que los alumnos, como sujetos concretos y como ciudadanos, sean capaces de desarticular su propio uso diario de la tecnología, y el de otras personas a su alrededor, para alimentar una postura ética y política que desnaturalice lo social y des-esencialice a los sujetos. Para lograr esto, el curso está dividido en tres unidades que contienen un tema acerca del cual reflexionar, un para qué y un cómo:

  • Unidad 1. Sociedad tecnologizada. Conceptos y herramientas básicas. En esta etapa del curso el alumno revisará algunos de los conceptos básicos para comprender sus prácticas online y las de otros usuarios. El eje rector de esta unidad será el concepto de rizoma, es decir, la lógica que permite crear conexiones donde no las hay. ¿Para qué? Para comprender que aquello que no sigue una lógica lineal-racional de construcción de sentido, posee también sentido. ¿Cómo lograr esto? Sistematizando la observación de contenidos audiovisuales que no sigan una lógica lineal (o “esperada”), que nos permitan pasar del extrañamiento ante una aparente incoherencia, a la identificación de elementos que hagan inteligibles formas de codificación no-lineales de la experiencia.
  • Unidad 2. El continuum on-offline. Contra el determinismo tecnológico. Esta unidad está dedicada a comprender que no es la tecnología la que determina, por encima del resto de nuestras condiciones de vida cotidiana, nuestras actividades y las relaciones con otras personas, sino que los aparatos tecnológicos son “un aspecto más” que afecta al resto de elementos a nuestro alrededor, pero que también es afectado por los demás. ¿Para qué? Para comprender los principios básicos de la Construcción Social de la Tecnología, que nos permitan no caer en el determinismo tecnológico, y poder, entonces, dar una lectura más amplia del uso que hacemos de la tecnología en contextos específicos. ¿Cómo lograr esto? A través de la observación, por un lado, de formas de construcción de la presencia en línea de sujetos concretos, para comprender que el espacio virtual es un escenario más donde nos seguimos intentando; y por otro, de la visibilización de distintos “filtros simbólicos” (históricos, afectivos, estructurales, políticos, etc.) que son los que le otorgan un sentido particular a cada uso diario de la tecnología.
  • Unidad 3. Internet como posibilidad de contaminar inercias históricas. Esta última etapa del observatorio está dedicada a la reflexión de cómo el continuum on-offline también actualiza formas históricas de invisibilización de la diferencia. ¿Para qué? Para integrar a nuestra comprensión de las apropiaciones de la tecnología la posibilidad de cuestionar normas socioculturales que dan por sentado que lo real ya está dado. ¿Cómo lograr esto? A través de la observación y el análisis de comentarios online que permitan reflexionar acerca de las permanencias, las tensiones y las emergencias discursivas en el contexto social actual.

Como primer ejercicio del curso, en mi papel de docente me he impuesto la tarea de utilizar algunas herramientas audiovisuales para resumir los tres puntos anteriores, y saber a qué se enfrentan los alumnos cuando se les pide un trabajo de este tipo. Este fue el resultado: